MIKROFILM VII. JULIO 27-28. PLENTZIA, 2018

En Edición 2018 | 3.6.2018

MIKROFILM V EDICIÓN

 

El pájaro vuela de nuevo, como una serpiente de humo negro perdiéndose en la noche.

“Estoy tan cansada. Tan cansada de mentir, inventar mentiras, no saber qué es una mentira, y cuál es la verdad”. Mary Astor se deja caer sobre un diván junto a una ventana abierta, sus ojos parecen húmedos, sus parpados caen, Humphrey Bogar se precipita a besar esos labios mentirosos mientras observa distraído al matón que espera fuera. Diez segundos que determinaron un tono, puro cine negro. Sexo y muerte.

Fuera de la pantalla aquella época y sus protagonistas están muertos y aún si profanásemos sus tumbas para rodar la secuela del Halcón Maltés nos encontraríamos con que sus huesos ya sin carne no sabrían interpretar para el público de hoy, el punto de vista ha cambiado.

Lo cierto es que el noir, el original, el de la tensión entre lo Adán y lo Eva, tuvo que evolucionar y así lo hizo, inspiró nuevos catálogos y se adaptó a cada época, más o menos fiel a un estilo, siempre a favor de la emoción que es a fin de cuentas la esencia de cualquier ficción; el artificio, el atrezzo, las luces, la vestimenta, las sombras y los preceptos de un género u otro que la industria perpetúa a base de estrategias de marketing y publicidad, tal vez no sean sino herramientas ideadas para vender más y sin perder mucho el tiempo. El mercado. Mentiras que juegan a ser verdad, como el cine, como cualquier relato. Mentiras pensadas para todos los públicos, para hombres, para mujeres, mentiras bien o mal intencionadas e incluso mentiras para sensibilidades aún por catalogar. Los géneros conviven, se mezclan y a veces se acuestan para perpetuar su nombre pariendo nuevas fórmulas; subgéneros con rasgos de los originales, tal vez más interesantes, pero también más difíciles de organizar. Caos y orden una pareja fatale condenada a buscar el equilibrio, siempre.

El catálogo de géneros se actualiza con respeto y amor a las copias originales, pero ante todo con la amplitud de miras del público y la iglesia de Plentzia; sin temor al cambio, sin prejuicios y sin una lista negra de sensibilidades, géneros o subgéneros menores desterrados a las débiles capillas laterales como si pertenecieran a algún tipo de culto de enfermos. Los géneros y las teorías pueden atrincherarse y morir en la caverna o convivir y persistir en el viaje hacia las estrellas.

A favor del espectáculo.
M