FESTIVAL INTERNACIONAL DE CORTOS VILLA DE PLENTZIA
SUNDAY, OCTOBER 9, 1977
Plentzia 48620


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VOL. VIII - 2019 EDITION

El Acomodador

En Ediciones Anteriores | 17.6.2015

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Principios de los 80, cines Avenida en Deusto, Bilbao. Un servidor y su hermano pequeño se disponían a asistir a una mágica tarde de sábado en el cine. Por aquel entonces ir a ver una película era algo único para un crío de apenas 10 años. Aunque el abuso de plantas medicinales en los años posteriores hace que no recuerde el film en cuestión, estamos hablando de la época en la que los estrenos eran clásicos como Cazafantasmas, Gremlins o Los Goonies.

En aquella ocasión el adulto que nos acompañaba era mi tío. Tras una interminable cola llegamos a la taquilla con esa mezcla de emoción y nerviosismo tan típica de la edad. Pero a pesar de ser un mocoso noté que algo no iba bien. El hombre tras el cristal le decía algo a mi tío mientras encogía los hombros. Mi tío insistió, pero el hombre negaba con la cabeza. Entonces mi hermano me preguntó qué porque no entrabamos ya. Y le conté la terrible verdad. No quedaban entradas para nuestra película.

 

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De los Avenida a los Renoir y en la actualidad una exquisita boutique china.
 

Pero mi tío era un hombre de recursos (aunque se le debieron de acabar allá por los 90 cuando casi acaba en prisión… pero eso es otra historia). Compró entradas para otra de las películas en cartelera (los Avenida contaban con 6 salas si no me falla la memoria) y los tres entramos. Lo que pasó a continuación es una prueba más de que el cine (ir al cine) ya no es lo que era. Una vez en el hall de entrada que conectaba las distintas salas, mi hermano y yo seguimos al pie de la letra la orden ¨No os mováis de aquí¨ emitida con voz grave por mi tío. Tras unos minutos que se hicieron eternos, vimos aparecer a un acomodador con varios de esos asientos de plástico de colores que se usaban para elevar a los niños muy pequeños en las butacas y facilitarles así la visión. Y cuando digo acomodador , no me refiero a un pajero con camiseta de Cinesa dos tallas más grandes y manchas de orina en la pernera del pantalón. Me refiero a un hombre entrado en años, con su uniforme azul marino con botones dorados y sus más de 20 años trabajando en la misma empresa. Un hombre con olor a tabaco y una más que probable afición a los licores y a salas de fiestas y locales de alterne de la provincia. Un acomodador de los 80, cojones.

El hombre en cuestión intercambió unas palabras con mi tío y una sonrisa cómplice y una palmadita en la espalda después, mi hermano pequeño y yo nos encontrábamos sentados tras las últimas butacas de la sala para la que no quedaban entradas. El acomodador había construido 2 pequeñas torres usando los asientos de plástico y como por arte de magia nos convertimos en la última fila de la sala. Tras nosotros la pared y frente a nosotros un mar de cabezas y una gigantesca pantalla iluminándolo todo, la cual podíamos ver sin problema alguno desde nuestra improvisada atalaya. La experiencia fue inolvidable aunque algo extraña. Tardé años en darme cuenta que la razón por la que ese hombre fue tan amable con nosotros no tenía nada que ver con la bondad ni con evitar desilusionar a dos niños. Mi tío había sobornado a aquel acomodador.

 

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Pantallas grandes, historias pequeñas.
 

¿Y a qué viene esta historia? se preguntarán ustedes queridos lectores. Pues bien, viene a que el cine, como experiencia, como entretenimiento, se ha convertido en una puta mierda. Y antes de que me acusen de ser un amargado, antes de que usen la manida réplica ¨lo que pasa es que te haces viejo y te mola más lo de tu época¨, antes de que sigan diciendo sandeces, acuérdense de la última vez que fueron al cine. Hoy en día, como en muchos otros ámbitos, en el cine faltan cojones, falta alma, faltan historias, faltan artesanos y sobran salas con 3D, películas de 3 horas con más explosiones que una calle de Bagdad en día de mercado, trilogías innecesarias, baldes de palomitas XXL y vampiros adolescentes con el torso depilado.

Lo que antes era entretenimiento ahora es basura para adolescentes con hiperactividad diagnosticada y con una preocupante falta de criterio. Y créanme si les digo que entiendo que un chaval de 13 años goce como un enano con el último estreno en 3D. Pero lo que antes era Indiana Jones En Busca del Arca Perdida ahora es Transformers 6 ¨Revenge of the Techno-Fisting¨. Lo que antes era El Club de los Cinco ahora es Crepúsculo. Y en Mikrofilm Short Festival no solo disfrutamos con el cine independiente y los cortometrajes de cine negro en VOSE. Nosotros también

experimentamos un escalofrío en la entrepierna cuando vemos a John McClane decirle ¨Yipikaye Hijodeputa¨ a Hans Grubber. Pero nos negamos a guardar silencio ante despropósitos como La Jungla de Cristal 5! Si nos van a dar mierda en formato 16:9 queremos que sea mierda de la buena. La que solo los más valientes éramos capaces de encontrar en el rincón más recóndito del videoclub. Películas malas sí. Y orgullosas de serlo.

 

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¨Habrá que hacerse otro, ¿no?¨
 

Pero en los cines revindicamos el cine comercial de calidad, con historias y personajes inolvidables, revindicamos, como ya lo hicimos en la edición del pasado año, los posters y el arte promocional de películas artesanal y sin Photoshop, revindicamos precios asequibles y menos efectos digitales de pésima calidad.

 

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El padre, el hijo y el espíritu santo.
 

Y, por supuesto, revindicamos la vuelta del soborno a las salas de cine!

Así que con esta intención nace esta humilde sección. ¿Una mirada inocente y nostálgica al cine como la de los niños protagonistas de la historia que abre el texto?

No. Una mirada corrupta y sucia como la de mi tío y el acomodador putero.